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Oficio narrativo

Onomatopeya

También conocido como Onomatopoeia · onomatopeyas · palabras sonoras

Una palabra que imita el sonido que nombra: zumbido, siseo, crac, chisporroteo, miau. Lleva un sonido directamente al oído del lector, y en un guion marca en las acotaciones los sonidos de los que depende una escena.

En la práctica

La onomatopeya pone el sonido mismo en la página. “La puerta chirrió” funciona más rápido que “la puerta hizo un ruido largo y agudo al abrirse”, porque el lector oye el chirrido en la palabra antes de imaginar la puerta. Ese es todo el poder del recurso: se salta la descripción y va directo al oído.

Los guionistas la usan más que casi nadie, porque un guion tiene que decirle al departamento de sonido qué va a oír el público. En las acotaciones de acción, los sonidos importantes se escriben tradicionalmente en mayúsculas (“un DISPARO restalla en el patio”), y una palabra sonora bien elegida marca el ritmo de una escena igual que un corte. Un GOLPE sordo, el siseo de unos frenos de aire y un móvil que vibra en la mesilla le dicen al lector adónde mirar después.

Los errores más comunes son los sonidos de cómic en una escena que quiere tomarse en serio (“¡KA-BUM!” en un drama íntimo), una palabra sonora en cada línea hasta que ninguna funciona, y una grafía tan rara que el lector tiene que pararse a descifrarla. Usa la palabra más sencilla que haga el sonido, guárdala para los sonidos que importan y deja que el resto de la línea describa.

Palabras sonoras que sostienen una escena

Un turno de noche en un hospital, contado a través de lo que oímos

INT. PASILLO DE HOSPITAL - NOCHE

Los fluorescentes ZUMBAN. En algún lugar un monitor PITA, constante. La ENFERMERA ADAEZE (30 y tantos) empuja un carrito que chirría frente a un control de enfermería vacío.

ADAEZE

(al carrito)

Una vuelta más y te pongo aceite. Te lo prometo.

El pitido se detiene. Silencio. Luego un TONO largo y plano.

Adaeze suelta el carrito. Sigue rodando sin ella, ñic, ñic, hacia la oscuridad.

Ella echa a correr.

La escena está hecha de palabras sonoras: el zumbido, los pitidos, el chirrido del carrito. Establecen una rutina para que el lector sienta su ruptura antes de que nadie diga qué ha pasado. El tono plano no necesita explicación, y el carrito que sigue chirriando solo mantiene el sonido mientras el personaje se va. Las mayúsculas marcan los sonidos que la mezcla tiene que entregar; los últimos ñic, ñic quedan en minúscula porque son textura, no una indicación.

Qué es una onomatopeya

Una onomatopeya es una palabra que imita el sonido que nombra: zumbar, sisear, chisporrotear, pum, crac, miau. Dila en voz alta y producirás una versión del sonido. La palabra viene del griego onomatopoiía, “la creación de un nombre”, de ónoma (nombre) y poieîn (hacer).

Algunas palabras sonoras son pura imitación (bum, tictac, achís). Otras son palabras corrientes cuyo sonido encaja con su significado, como murmullo, susurro, chasquido y retumbar, que nacieron de la imitación y pasaron a formar parte del idioma. Muchos animales y cosas reciben su nombre del sonido que hacen: el cuco por su canto, el grillo por su cri-cri, el ping-pong por el rebote de la pelota.

La onomatopeya suele contarse entre los recursos sonoros, junto a la aliteración, la asonancia y la consonancia, y no entre las figuras que comparan, como la metáfora y el símil. No compara una cosa con otra. Hace que la propia palabra suene como la cosa, y por eso los niños la aprenden primero y los poetas nunca la abandonan.

Tipos de onomatopeya

Golpes y máquinas: pum, crac, plaf, clonc, brum, clic, rrrum. Cargan con casi todo el peso en las escenas de acción, porque cada palabra implica un tamaño y una fuerza. Un plaf es pesado y blando, un clonc es metal, un crac es rápido y seco, así que la sola elección de la palabra le dice al lector qué golpeó qué.

Voces y cuerpos: susurrar, murmurar, soltar una risita, sorber, hipar, tragar saliva, suspirar. Son palabras sonoras que el lector apenas nota como tales, y hacen un trabajo discreto en el diálogo y la acción: “sorbe por la nariz” y “traga saliva” dicen cómo se siente un personaje sin una línea de explicación.

Naturaleza y animales: gotear, chapotear, crujir, aullar, zumbar, piar, croar, y los sonidos de animales que aprenden los niños, del mu al cuac. El mismo animal suena distinto en cada idioma: un perro hispanohablante dice guau, uno inglés woof, uno alemán wau wau, uno francés ouaf, uno japonés wan wan y uno coreano meong meong. Cada idioma oye el ladrido a través de sus propios sonidos.

Algunos idiomas van más allá del sonido. El japonés tiene una gran familia de palabras miméticas (giongo para los sonidos y gitaigo para estados y movimientos, como doki doki para un corazón acelerado), y el coreano tiene un par parecido. El manga y los webtoons dibujan esas palabras dentro del arte, y por eso quienes traducen cómics tratan los sonidos como parte de la imagen.

Ejemplos de onomatopeya en la literatura y el cine

Los poetas han construido versos enteros con ella. Garcilaso de la Vega escribe en la Égloga III “en el silencio sólo se escuchaba / un susurro de abejas que sonaba”, y el verso zumba con sus eses. En inglés, el ejemplo más famoso es “The Bells” de Edgar Allan Poe: las campanas “clang, and clash, and roar!”, y el poema inventa la palabra “tintinnabulation” para su sonido.

El cómic hizo visibles las palabras sonoras. La serie de televisión de Batman de los años sesenta hacía estallar ¡POW!, ¡BAM! y ¡WHAM! en pantalla durante las peleas, tomados directamente de la viñeta, y el cuadro Whaam! de Roy Lichtenstein, de 1963, convirtió una explosión de cómic en arte pop. En español, los tebeos de Mortadelo y Filemón llevan décadas llenando sus viñetas de ¡zas!, ¡plaf! y ¡pumba!

En la prosa, la onomatopeya suele crear un lugar. Un texto que empieza con el goteo de un grifo o el tictac de un reloj en una casa vacía hace audible el silencio que los rodea. En un guion marca el ritmo: una secuencia escrita como GOLPE, luego una pausa, luego un segundo GOLPE le dice al lector, a la dirección y al montaje exactamente cuánto debe durar el momento entre ambos.

La onomatopeya en un guion

La convención del guion pone en mayúsculas los sonidos que importan en las acotaciones: “un CLAXON atruena”, “la caja fuerte hace CLIC y se abre”. Las mayúsculas le dicen al equipo de sonido de qué efectos depende la historia y ayudan al lector a encontrar los momentos clave. Los guiones spec las usan con más mesura que los guiones de rodaje, así que elige los sonidos de los que dependen de verdad la trama o la tensión.

Escribe el sonido con la palabra más sencilla que encaje y únelo a su origen para que el lector sepa qué lo produjo: “En la cocina ESTALLA un cristal” en lugar de un “CRASH” suelto. Un sonido sin origen puede ser un misterio deliberado, como en una escena de terror en la que algo GOLPEA en el piso de arriba, pero entonces el origen que falta es el sentido de la línea.

Deja que las palabras sonoras lleven el ritmo. Las acotaciones cortas con un sonido cada una se leen como cortes (“Pasos. Más cerca. Un GOLPE en la puerta.”), mientras que una frase larga con un sonido enterrado en el medio se lee como un único plano sostenido. Las mismas pocas palabras, ordenadas de otra manera, le dan al montaje otra escena.

Cómo usar bien la onomatopeya

Elige la palabra sonora por su tamaño exacto. Una puerta puede chirriar, gemir, hacer clic, cerrarse de golpe o dar un portazo, y cada palabra es una puerta distinta, una persona distinta detrás y un momento distinto. Si te descubres añadiendo un adverbio (“cerró ruidosamente”), probablemente el verbo es el sonido equivocado.

Ajústate al registro de la historia. Los sonidos de cómic encajan en la comedia, los libros infantiles y la acción estilizada; en la ficción realista las mismas palabras pueden romper el hechizo. En la prosa literaria, las palabras sonoras más discretas (crujir, tictac, zumbido) suelen hacer más, porque obligan al lector a escuchar con más atención.

Después, lee el pasaje en voz alta. La onomatopeya se escribe para el oído, así que pruébala con el oído: si una palabra sonora te hace tropezar, suena más tonta que el momento o repite un sonido que ya usaste, cámbiala o quítala.

Preguntas frecuentes

¿Qué es una onomatopeya, en palabras sencillas?

Una onomatopeya es una palabra que suena como lo que describe. Cuando dices “zum”, “pop” o “chof”, la palabra misma hace el sonido, así que el lector lo oye mientras lee.

¿Cuáles son algunos ejemplos de onomatopeya?

Ejemplos comunes son pum, bum, zumbido, clic, crac, plaf, glu glu, chisporroteo, miau, mu, pop, tictac, susurro y quiquiriquí. Entre los literarios están el “susurro de abejas” de Garcilaso y las campanas de Poe, que “clang, and clash, and roar”.

¿Cómo se escribe y se pronuncia onomatopeya?

Se escribe o-no-ma-to-pe-ya y se pronuncia con el acento en la penúltima sílaba: o-no-ma-to-PE-ya. Viene del griego y significa “creación de un nombre”; en inglés la palabra es onomatopoeia, con una grafía mucho más difícil.

¿La onomatopeya es una figura retórica?

Sí, en sentido amplio, aunque es más precisamente un recurso sonoro, como la aliteración y la asonancia. Funciona a través del sonido de la palabra y no de una comparación, que es como funcionan la metáfora y el símil.

¿“Jaja” es una onomatopeya?

Sí. Las palabras que imitan sonidos humanos, como jaja, achís, hip, glup, chis y ajá, son onomatopeyas. Están entre las más comunes, y los lectores casi nunca las notan como recurso.

¿Otros idiomas tienen onomatopeyas?

Todos los idiomas las tienen, y cada uno oye los sonidos de otra manera. Un gallo canta quiquiriquí en español, cock-a-doodle-doo en inglés, kikeriki en alemán, cocorico en francés, kokekokkō en japonés y kkokkio en coreano. El japonés y el coreano tienen además grandes familias de palabras miméticas para sentimientos y movimientos.

¿Hay que escribir los efectos de sonido en un guion?

Escribe los sonidos de los que depende la historia, en las acotaciones, normalmente con el sonido clave en mayúsculas: “el teléfono SUENA”. Deja fuera los sonidos que la escena ya implica y evita las grafías de cómic salvo que el tono sea cómico. Unas pocas palabras sonoras precisas ayudan al lector; docenas se convierten en ruido.